DESARROLLO DE LA SUBLEVACIÓN DE AREQUITO


El Ejército del Norte, al mando del general Francisco Fernández de la Cruz, estaba integrado por 3000 soldados. Lo conformaban:

Escuadrón Nº 1, a cargo del capitán José Mariano Mendieta.
Regimiento de Infantería Nº 2, conducido por el coronel Francisco Pinto.
Regimiento de Infantería Nº 3, liderado por el coronel Blas Pico.
Batallón de Dragones, comandado por Alejandro Heredia. Jefe coronel Cornelio Zelaya.
Artillería, a cargo del coronel Manuel Ramírez.
Regimiento de Húsares, bajo órdenes del coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid.
Regimiento Nº 9, conducido por el coronel José Domínguez.
Batallón Nº 10, liderado por el coronel Bruno Morón.


El 8 de enero de 1820, la mitad del Ejército del Norte se sublevó en la Posta de Arequito, bajo el grito de federación.

El principal ideólogo fue el coronel Juan Bautista Bustos, secundado por Alejandro Heredia, José María Paz y Felipe Ibarra, todos militares de carrera y alto grado. Los rebeldes se opusieron a inmiscuir sus armas en lo que consideraban una guerra civil. La rebelión fue incruenta y ordenada.

Una parte del Ejército comandado por Bustos, acampó a unos 800 metros del resto de las tropas. En la noche, el Cuerpo de Dragones arrestó a su comandante. Igual actitud tomaron los Regimientos de Infantería Nº 2, el Batallón Nº 10 y un grupo del Escuadrón de Húsares. Las órdenes del arresto habían sido impartidas por Bustos y Alejandro Heredia. Las tropas sublevadas se separaron del resto y acamparon a cierta distancia.

Al amanecer, se encontraban enfrentadas dos facciones del mismo Ejército. Los leales a De La Cruz, de espaldas al Río Carcarañá, sumaban 1400 hombres. Los sublevados al mando de Bustos, eran 1500 soldados.


Ambos bloques pasaron toda la mañana negociando para no enfrentarse en una batalla. Los sublevados liberaron a los prisioneros y a cambio De La Cruz acordó entregarles la mitad de los elementos de comisaría y carretas, pero al mediodía los leales se pusieron en marcha desobedeciendo lo pactado. Ante esto, 500 hombres a caballo al mando de Heredia, partieron desde el sector sublevado para reclamar a Fernández De La Cruz que cumpliera lo acordado.


10 kilómetros antes de Desmochados, Heredia alcanzó al Ejército. En ese momento, la vanguardia de los leales había sido atacada por los gauchos de López, por lo que Fernández De La Cruz se vio obligado a aceptar el pedido de Heredia y ordenó la contramarcha. 


Al anochecer, los dos Ejércitos volvieron a quedar enfrentados. Esa noche, varios batallones de De La Cruz desertaron y se unieron a los sublevados.


Al amanecer del día 9 de enero, 400 montoneros santafesinos volvieron a hostilizar al Ejército leal. Partió la caballería sublevada hacia el campo bélico para detener los ataques de la montonera. Los oficiales sublevados informaron a los gauchos de Estanislao López la ruptura que se había producido en el Ejército y sus motivos, ante lo cual los santafesinos se retiraron y por último, Fernández De La Cruz entregó a Bustos toda la fuerza y pertenencias de su Ejército.


La Sublevación de Arequito quedó así consumada, retornando los soldados al Cantón Del Pilar, en la provincia de Córdoba.


BUSTOS, HOMBRE DE
PENSAMIENTO NACIONAL


El 8 de enero de 1820, el Ejército Auxiliar del Alto Perú se sublevó en inmediaciones de la Posta de Arequito. El gobierno del Directorio, de raíz unitaria, le había encomendado bajar del norte argentino -donde estaba abocado en la guerra contra los realistas-, para combatir a los caudillos de las provincias del litoral, que pugnaban por un sistema de gobierno federal. El motivo de la desobediencia militar de los comandantes del Ejército que se sublevaron, fue evitar una lucha entre hermanos por causa política. Pero además los hombres de rango y los soldados tenían ideales federalistas.

El principal ideólogo de la Sublevación fue el General Juan Bautista Bustos. Un hombre serio, culto, mesurado, generoso. Fue soldado en las invasiones inglesas, estuvo vinculado a Mayo, guerrero de la independencia, patriota, militar responsable y respetado.

La Sublevación le abrió las puertas a la gobernación de Córdoba, en cuyo poder demostró ser un político prudente, un gobernante progresista, defensor de la libertad de prensa y un hombre preocupado por la independencia americana, la unidad nacional y la organización del país.

Su figura y trayectoria es destacada por el revisionismo del interior, ya que la historia oficial del país, escrita desde Buenos Aires e imbuida por los intereses centralistas de la sociedad cercana al poder de entonces, se encargó de acallar su obra y mostrarlo como anarquista y antinacional.

Arequito tiene un significado concreto en nuestra historia nacional. 9 años después de la Revolución de Mayo, la política desarrollada por Buenos Aires generó la oposición de todo el interior. Los porteños estaban dispuestos a aceptar cualquier plan que les garantizara sus privilegio económicos: pactar con Fernando VII, admitir el protectorado británico, coronar un príncipe europeo y hasta destruir la unidad del antiguo Virreinato. Se habían desprendido del Paraguay y de la Banda Oriental y el Alto Perú sería abandonado a los realistas. Pero la situación era difícil con las provincias del interior, porque Buenos Aires las necesitaba, como éstas requerían del puerto.

Luego de Arequito, los porteños fueron derrotados en la Batalla de Cepeda por Ramírez y López. Como consecuencia se derogó la Constitución unitaria de 1819, se disolvió el Congreso Nacional, cayó el gobierno del Directorio y la provincia de Buenos Aires alcanzó la autonomía, abandonando la causa de la independencia, para aislarse sola financiada por la renta de la Aduana.

La acción de Bustos estuvo inserta en el pensamiento nacional, signado por un federalismo auténtico, democrático y popular del interior. Bajo esas banderas, las provincias emprendieron un camino fecundo para dar forma a su organización política, consolidando sus instituciones e intentando reiteradamente la constitución definitiva del estado nacional. 
Fuente: Tiempo Cultural (28/5/1978 - Documento del Museo Arequito).